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El MQA es el asesino silencioso de la música

El MQA es el asesino silencioso de la música

Un nuevo formato de audio que permite el streaming online de música con calidad de estudio, aparentemente libre de los problemas de protección anticopia y con una forma clara para que sepas que has conseguido lo mejor. ¿Parece la solución perfecta, verdad? “No tan rápido”, nos advierten desde LINN.

No se trata de profundizar en la parte técnica del MQA ni juzgar si tiene algún mérito desde el punto de vista de la reproducción de audio. Sino por qué este formato es malo para la música, según explica Jim Collinson, de LINN, quien además tiene experiencia como artista, manager, dueño de discográfica y con experiencia en la negociación con servicios de descarga para distribuidores, indies y grandes discográficas. Desde fuera, parece que el MQA es el éxito de una ambiciosa unión: la colaboración entre Warner y el fabricante HiFi Meridian. Quienes también buscan invertir y formar parte de otras grandes discográficas, las mayores indies y conglomerados.

Las Grandes Discográficas cuentan con algunas de las mejores grabaciones de todos los tiempos y amplios derechos sobre un amplio catálogo, que utilizan como medida de presión con las nuevas tecnologías sabiendo lo importante que es acceder a él para poder tener éxito. Esos derechos ofrecen un rendimiento decreciente – el rendimiento es menor al esperado por los accionistas – así que se espera que utilicen el poder de presión de esas grabaciones de la forma más eficaz posible, vendiéndolo una y otra vez. El oyente, por supuesto, también se lleva algo comprando una versión en calidad estudio máster de un álbum, pero una vez lo tienen, el beneficio se termina para quienes tienen los derechos.

Pero a medida que la forma de consumo cambia de la conveniencia y posesión a uno de uso y rentabilidad – el streaming – saben que el equilibrio de control sobre beneficios está en juego, y ganar control sobre el mismo resulta vital. Solo hace falta ver el poder que plataformas de streaming en video como Netflix o Amazon tienen ya sobre estudios de grabación (incluso convirtiéndose ellos mismos en productoras) y se entiende lo necesario que parece conseguir control sobre la cadena de suministro.

Monopolio del suministro

El MQA es un intento no para simplificar la venta del mismo contenido una y otra vez con mayor margen, o para mantener la calidad del audio en los ecosistemas de streaming: es una expropiación pura y dura. Se trata del intento de controlar y sacar beneficio de cada parte de la cadena de suministro, y no sobre el contenido del que hasta ahora han tenido los derechos. Esto es lo que realmente pasa:

Los fabricantes de equipos de grabación tendrán que comprar la licencia de la tecnología y adaptarla a sus productos: MQA cobra

Los desarrolladores de software de sistemas de grabación necesitarán plug-ins certificados para trabajar: MQA cobra

Los ingenieros tienen que comprar equipos y software certificados: MQA cobra

Los artistas tendrán que recurrir a estudios e ingenieros que utilicen equipo certificado y nuevos flujos de trabajo, o incluso remasterizar su catálogo en MQA. Los costes, por supuesto, recaen en el artista, ya sea de forma directa o sustraídos de los royalties de los distribuidores digitales que tengan que conseguir la licencia de MQA y comprar o alquilar un “Módulo de Hiper-Seguridad” para encriptar, codificar y poner la marca de agua a los archivos listos para distribuir a los servicios de descarga. MQA cobra

Los provedores de servicios de streaming o descarga tendrán que hacer acuerdos comerciales y convertirse en socios: MQA cobra

Los fabricantes de álbumes en soporte físico pueden utilizar MQA en CD y DVD, para lo que presumiblemente tendrán que conseguir la licencia: MQA cobra

Los fabricantes HiFi y desarrolladores de software tendrán que adaptar sus productos y conseguir una licencia de la tecnología: MQA cobra

Los clients finales, habiendo pagado un extra por música MQA mediante distribuidores oficiales de contenido, también tendrán que comprar reproductores MQA certificados a un precio inflado para lograr la licencia: MQA cobra

¿Sin DRM? No tan rápido

Es interesante que uno de los puntos claves de MQA es que no hay Gestión de Derechos en Digital (DRM, por sus siglas en inglés) implicado. Saben que los usuarios odian la protección anticopia, y sería infame incluirla. Pero decir que no tiene DRM no es exactamente cierto, solo cuestión de perspectiva. Existe una forma de añadir una matrícula al archivo que se comprobará en qué etapa de la producción y distribución  se ha pagado por el MQA. Se supone que esto es una garantía para el cliente: si la pequeña luz MQA se enciende, sabrá que ese archivo es legítimo. Cuando en realidad es una forma maestra de hacer parecer cualquier otra grabación como inferior – cuando puede ser justamente el caso contrario – a no ser que hayan sido producidas, distribuidas, descargadas y reproducidas mediante su cadena autorizada. Se podría reproducir un archivo de 24-bit-192 kHz directamente de la grabación en estudio, entregada por el propio artista, y aún así se tendría la sensación de que dicho archivo no es legítimo.

Tampoco require mucha imaginación adivinar lo que va a ocurrir cuando, utilizando la piratería como excusa, los reproductores solo reproduzcan streaming MQA. O quizás, añadan anuncios tras el contenido que no es MQA. Nada de esto ha sido propuesto por la compañía, y de hecho esto no entra en sus planes. ¿Pero debería dárseles el beneficio de la duda? Una vez dominen toda la cadena de montaje, la tecnología les dará la opción de hacerlo y los accionistas quieren beneficios.

El peor tipo de intermediario

La industria musical se sustenta en los intermediarios. El manager, la discográfica, el publicista, el distribuidor, el proveedor de streaming, el agregador, el fabricante HiFi… Todos ellos se encuentran entre el artista y el usuario. Eso por no cuestionar que muchas de dichas organizaciones no ofrecen servicios cuantificables: producir, publicitar y reproducir música es duro y un riesgo financiero. Pero hasta la propia LINN vive como uno de dichos intermediarios fabricando sus equipos, de modo que no hay nada malo en ello.

Sin embargo, con el enfoque MQA se consigue el peor tipo de intermediario: el que resuelve un problema que ya ha sido, o podría ser, solventado mediante alternativas gratuitas que ni esperan ni intentarán cobrar de nuevo por algo sin valor. Es el vivir de rentas, que solo sirve para chupar dinero del sistema en detrimento de la creatividad.

Minar la creatividad

La gente que será víctima de esta son los extremos de la cadena: tú y el artista.

Para ti, como usuario, tendrás que pagar más por la misma música, y pagarás más también por tu equipo de sonido. E incluso si no lo compras compatible con MQA, todos se llevará menos innovación, creatividad y música más pobre.

Para el artista, los costs de producción adicionales serán extraidos de royalties, y el alza de precio en la cadena de suministro significará que estos serán meores.

Son las discográficas quienes quieren cobrar por algo Viejo, en lugar de tomar riesgos apostando por nueva música.

Y al final, mayores costes de producción y distribución suponen también una reducción en la inversión en nueva música, así como un enfoque magnificado hacia música antigua de catálogo, concentración de recursos y de un número menor de artista. Además, convertir en un monopolio la cadena de suministro tiene como monopolio arrinconar las discográficas independientes y a los artistas que se autopublican, o al menos, poner impuestos a su creatividad. Un artista que se autoproduce, o un pequeño estudio, ahora tendrán que trabajar con un estudio mayor de masterización MQA y correr con los gastos. Oh, ¿y los artistas que ofrecen música directamente a los fans mediante su web? Bueno, eso se acabó: también tendrán que pagar.

Todavía hay esperanza

¿Suena horrible, no? Sea como sea, desde LINN todavía se muestran esperanzados porque han sobrevivido antes a este tipo de intentos. Cuando Apple lanzó su formato Lossless en LINN temieron que tuvieran que bloquear a proovedores, y sin embargo supuso una apertura. Y el formato, quizás más similar, SACD, que tenía pretensiones similares de monopolizar la cadena, que ahora es solo una forma de consumo más.

En LINN se muestras confiados en que las alternativas gratuitas, disponibles, de alta calidad, ya disponibles y open-source ganen la batalla. La centralización, bloqueo y especulación tienden al fracaso.


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